“Estás trallao”

“Menudo colgao”

“Tío se te ha ido la pinza”

Estas son algunas de las primeras reacciones de mis mejores amigos cuando les conté que me había apuntado a la Marathon des Sables. Me las tomé con humor, les quiero mucho.

El otro día una persona que acababa de conocer me hizo una pregunta muy directa. Vi en su mirada un interés real por mi respuesta. La pregunta me pareció muy interesante, me hizo reflexionar unos instantes antes de empezar a hablar: ¿cuáles son tus motivaciones para haberte apuntado a esta carrera?

Supongo que es difícil de entender, en qué momento se le ocurre a una persona gastarse más de 4000€ para ir a correr por el desierto. “Ya hay que tener ganas”, me dicen mis amigos. Encima, ¡hasta la comida te tienes que llevar!

Pues bien, todo es fruto de un cambio de mentalidad. Soy un gran aficionado al running y la Marathon des Sables es una de esas carreras que desde hace años me llevo diciendo: “yo esto un día quiero hacerlo”. Precisamente es ahí donde está el problema, en decir “un día” y no “tal día”. Hay que concretar. Porque de lo contrario, el tiempo pasa (este nunca para) y nosotros seguimos diciendo eso de “a ver si…”, “tengo que…”, “…un día lo hago”. Cuando te quieres dar cuenta ya no puedes hacerlo. Perdiste tu oportunidad. Mierda.

Estoy cansado de escuchar a personas decir eso de “si yo tuviera tu edad…”. ¡Pero es que ya la tuviste, o no te das cuenta! Si no lo supiste aprovechar es tu problema. Hay que estar atentos, siempre se puede aprender de los errores de los demás.

Muchas veces nos quedamos en la vida esperando el momento ideal para hacer algo. El momento ideal para hacer un viaje, el momento ideal para emprender un negocio, el momento ideal para tener un hijo. Si nos quedamos esperando el momento ideal, este nunca va a llegar. Por eso, el momento ideal es aquel en el que simplemente tomas acción y comienzas a hacer aquello que realmente quieres.

Algo así me pasó este año con la Marathon des Sables. Pensé, ¿qué necesito sí o sí para hacer esta carrera? Sólo dos cosas: salud para poder enfrentarme a semejante desafío (¿la tengo? sí) y solvencia económica para afrontar el coste de la inscripción (¿la tengo? sí). Claro está que la primera es muchísimo más importante que la segunda. A veces vivimos como si no fuéramos a morir nunca, como si no pudiésemos tener cualquier desgracia en cualquier momento que nos impida hacer ciertas cosas, como si fuésemos a “estar bien” para siempre. Muchas veces sólo lo vemos cuando esto ya no es así.

Yo me dí cuenta de que tengo la enorme suerte de no tener ninguna enfermedad, de tener algo tan simple (y tan complejo) como mis dos piernas y mis dos brazos en perfecto estado. No todo el mundo puede decir lo mismo. ¿Alguien me asegura que dentro de un año esto va a seguir siendo así? Pensé que, si por desgracia, el día de mañana dejo de tener esta suerte, no quería quedarme pensando eso de “¿por qué no lo hice cuando sí podía?”. Hoy sí puedo, así que voy a hacerlo. O al menos a intentarlo. Con todas mis ganas.

Tal vez un día, cuando sea viejecito, podré decirle a alguien: “yo cuando tenía tu edad, hice la puta Marathon des Sables”.

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